AROMAS Y GUSTOS GRATOS NATURALES Y ARTIFICIALES DEL TABACO

Extraído del libro El azafrán y el añil (el algodón y el tabaco) de José López y Camuñas (1890).

El tabaco adquiere aroma y gusto especial característico, según su clase, país de donde procede y que le ha criado, que le imprimen jugos y principios a la planta que luego en sus múltiples fermentaciones desarrollan aceites, aromas, ácidos, y sales, y esencias propias difíciles de imitar, pero los que no la tienen natural se la proporcionan en parte del siguiente modo: El líquido más común en América para humedecer el tabaco cuando ha de trabajarse o escogerse, etc. , para que no se rompa y esté flexible o para que haga la segunda fermentación pasiva es el agua de sal común, que algunos indios sustituyen por orines. El aguasal tiene por objeto la conservación del tabaco sin podrir y que desarrolle cierto aroma propio, también suelen mezclarle a esta agua vena de tabaco y tabaco de recortes y tallo de superior tabaco, todo añejo. En La Habana, además al aguasal le mezclan azúcar dorada para que le buen gusto y buen aroma al quemarse el cigarro; otros melaza, otros europeos hacen un agua con sal, y en ella hierven y cuecen ciruelas pasas y regaliz, también añaden ron o aguardiente de caña, otros agua de violetas y flor de naranjo azahar, otros agua de romero cocido en vino blanco, otros infusión de hinojo y anís, otros raíz de lirio florencia, otros con maderas olorosas, pero la mejor infusión de tabaco habano es con mucha sal de cocina, hierba luisa o vainilla, o geranio rosa.

Betún de moja en general: este líquido es para humedecer el tabaco y que fermente, o para ponerlo suave y en disposición de poderlo trabajar después de fermentado y seco, o también con el fin de aromatizarlo solamente porque no es otra cosa que una infusión de hojas o palitos de buen tabaco fermentado y concluido, con más plantas, maderas o esencias olorosas con que le quiera adornar y perfumar el tabaco, cuya fórmula es esta: 10 litros de agua limpia y buena hirviendo de caliente, medio kilogramo de sal de cocina, y un kilogramo de tabaco. Póngase todo en el agua al apartarse del fuego, en una vasija vidriada y tápese bien. Después revuélvase con un palo de tiempo en tiempo, cuando esté frío, y a los tres días ya puede usarse sola para tabacos ordinarios, y mezclándole las esencias, tinturas o agua olorosas para aromatizarlo, si se trata de tabacos especiales de mucho precio y regalía; pero si los aromas y gusto con que se le quiere aderezar, no están de antemano preparados, se le incorpora al betún de moja, la melaza o azúcar tostada; y si se quiere también ron, o vino blanco añejo. Si son ciruelas pasas con las que se quiere dar gusto y olor, se cuecen primero las ciruelas en doble de su peso en agua, que hierve hasta quedarse en la mitad, y este líquido se incorpora al betún. Si se emplea la vainilla, hierba luisa, geranio, rosa, hinojo, u otra madera olorosas, como el cedro, etc., se les da un ligero hervor en agua y luego se le deja en ella 48 horas bien tapada, y le incorpora enseguida al betún principal. Pero para que estos aromas sean más finos y potentes, tratándose de violeta, hinojos y hasta ciruelas pasas, lo mejor es ponerles en un frasco con un volumen igual al suyo de buen alcohol, por ocho días y bien tapado para conseguir así una buena tintura aromática y antipútrida, que se incorpora luego al betún general de moja, para que el tabaco adquiera buen olor y gusto. El tabaco guardado y metido en cajas de cedro por mucho tiempo, adquiere un aroma grato y gusto delicioso, a expensas de la fermentación insensible que sufra.

Fuente: books.google.com

¡Muy buenas pipafumadas!
Jorge