LAS PIPAS ANTIGUAS POR A. DE MOLIN (publicado en 1887)

La cuestión de las pipas antiguas, extinguida desde hace una veintena de años, se ha reavivado recientemente gracias a un artículo muy interesante de M. Gustave Lejeal publicado en una popular revista francesa. El autor ha resumido con gran conciencia y conocimiento los estudios anteriores, y quizá sea bueno volver a ella en nuestro país (Suiza), a fin de informar al público y hacerle saber que se puede hablar de pipas antiguas sin hacer reír a la gente de uno mismo, que incluso se pueden descubrir sin creerse desconcertado.


“Pipas antiguas", estas dos palabras asociadas, no me lo oculto, llaman a la risa. La mente humana está hecha de tal manera que, al ponerle formas lógicas, razona fácilmente por a priori. En el caso particular, el silogismo que se forma inconscientemente en cualquier individuo dotado de una erudición media es este: “El tabaco fue traído de América por Cristóbal Colón en 1493, popularizado en Francia por Jean Nicot en 1553 con el nombre de petún; en consecuencia, los eruditos que nos hablan de pipas antiguas o se ríen de nosotros o son ellos mismos víctimas de alguna superchería. En cualquiera de los dos casos, es conveniente que el ridículo de su intento caiga sobre ellos, ya sean ilusos o malos bromistas.
Es cierto que hace treinta o cuarenta a ños sólo se hablaba en términos trémulos de las pipas antiguas. El señor Quiquerez, de Porrentruy, fue objeto de todo tipo de burlas y sarcasmos.


Un poco más tarde, M. de Bonstetten en su Antiquités Suissss abordó el mismo terreno sólo que con grandes precauciones oratorias. Invocó a Horacio y su risum tenestis amici antes de exponer algunas tímidas conjeturas sobre el tema. Al final, el premio es para el gran erudito francés Boucher de Perthes, uno de los creadores de la arqueología prehistórica, que también fue víctima de muchas desconfianzas y que se permitió a uno de sus más distinguidos colegas, el padre Cochet, esta broma de gusto cuestionable. "No hay, escribe, en sus Antigüedades celtas, ni siquiera los eruditos que no buscan mistificar sus colegas, y conocemos esta travesura de un científico francés que, sin respeto por las ruinas de Tebas, hizo enterrar pipas cubiertas de jeroglíficos allí, lo que inspiró un fuerte recuerdo científico a un anticuario italiano que demostró mediante una serie de pruebas y citas de autores griegos y latinos que los egipcios fumaban; no dice si fue tabaco de mesa. "
No creo que hoy en día, a la vista de la acumulación de documentos, nadie se tome el asunto tan a la ligera, pero es bueno decir que todavía hay mucha incredulidad incluso en los círculos más serios. Un sabio profesor de Zúrich me escribió hace tiempo: "No creeré en las pipas antiguas hasta que, con mis propios ojos, haya visto un ejemplar saliendo de una tumba inviolable." ¿Por qué queremos que se encuentren pipas en las tumbas? Como todo el mundo sabe, el número de objetos del mobiliario funerario es limitado.


Es fácil comprender, tras una breve reflexión, el fallo inicial del razonamiento. Este defecto está en la primera premisa.
Dado que no se conocía el tabaco, ¿se deduce que se ignoraba la pipa? En otras palabras, la pipa fue creada para el tabaco, y no fue más bien el tabaco el que se introdujo victoriosamente en un instrumento que existía desde hacía mucho tiempo; no fue el tabaco el que expulsó de ella, al menos en nuestra Europa, una simple península de Asia, al antiguo ocupante u ocupantes, como el cuco cuyos huevos se introducen fácilmente en las más legítimas garras. No estoy seguro de tener tiempo para escribir toda una página de filosofía sobre la lógica humana, sobre las convicciones ya hechas por transmisión hereditaria, sobre los errores seculares que son más difíciles de desarraigar que las malas hierbas o la cizaña, sobre las verdades que chocan con antiguos prejuicios, etc., etc.
Dejar de lado estos desarrollos, que no tienen cabida aquí, y, antes de pasar a la cuestión histórica propiamente dicha.
Pido permiso al lector para presentarle a uno de nuestros compatriotas m ás eruditos en este campo, M. Oscar de Wattenwyl, (o de Watteville) antiguo banquero en París, que posee la colección de pipas más considerable del mundo, (va desde la antigüedad hasta nuestros días), y yo añadiría la más documentada y la más llena de información preciosa que se puede encontrar. He aquí unas líneas suyas en el prefacio del Livre des fumeurs et des priseurs de M. S. Blondel (1890). Responden a la idea expuesta anteriormente: ”Mirando nuestro globo en su conjunto, dice, uno se da cuenta de que, en este mundo, lo que menos se fuma quizá sea el tabaco.


¿Quién lo fuma? Los europeos de Europa y América. ¡Y qué son ellos comparados con los millones de asiáticos y africanos que usan la corteza de sauce, las raíces de varias plantas, los hongos venenosos, el aserrín, los juncos, el opio, el cáñamo! Fumamos hojas de rosa, hojas de nogal, hojas de remolacha, hojas de maíz; fumamos té, tomillo silvestre, lavanda, fumamos todo.... incluso tabaco".
De esta lista bastante larga, y de estas afrmaciones un tanto paradójicas en su forma, debemos retener al menos un término que es importante para nuestra demostración; se trata del cáñamo. Todo el mundo ha oído hablar del hachís, ese producto narcótico extraído de la semilla del cáñamo, que se utiliza actualmente en todo Oriente y desde la antigüedad. Este uso ha dado incluso una palabra a la lengua francesa. Los hashishers, los “assacis” de las cruzadas, aquellos soldados del terrible jefe árabe llamado “el Viejo de la Montaña” se convirtieron en los “asesinos". Esta era una de las muchas formas de embriaguez. Los asaltantes se pusieron grises al masticar cáñamo. Si lo hubieran fumado, el resultado habría sido el mismo, y aquí tenemos varios testimonios de respetable antigüedad que no dejan lugar a dudas al respecto.En primer lugar Heródoto: ” Los escitas toman semillas de cáñamo y habiéndose deslizado bajo tiendas de lana pisada, arrojan parte de estas semillas sobre piedras enrojecidas en el pantano. Cuando empieza a arder, desprende un vapor tan grande que no hay horno en Grecia que tenga más potencia. Los escitas, aturdidos por este vapor grita de confusión..." Se puede citar un pasaje paralelo del mismo autor sobre los masagetas que viven más allá del Aras, "que según algunos", dice Heródoto, "son de la raza de los escitas": "También se dice que han descubierto un árbol, cuyo fruto arrojan al fuego, alrededor del cual se reúnen en tropas; que aspiran el vapor por la nariz y que este vapor los embriaga como el vino embriaga a los griegos, que cuanto más arrojan este fruto al fuego, más se embriagan hasta que todos comienzan a cantar y bailar. "


Estrabón el geógrafo, que vivió en la época del emperador Augusto, y Pomponio Mela confirman este dicho, pero no se puede afirmar que no sean meras reminiscencias de Heródoto. Hasta ahora sólo hemos tratado de fumigaciones de un tipo particular, y nada nos autorizaría a suponer la transición tan sencilla, sin embargo, entre el uso colectivo y el individual, si Plinio el naturalista no fuera perfectamente afirmativo en dos lugares de su Historia Natural ya citados por Bonstetten: "Se dice que el humo de la raíz seca de la uña de caballo", dice, "cuando se respira por medio de una caña (per calamum baustus) cura la tos antigua, siempre que se beba un trago de vino de pasas entre cada inhalación de humo".  - Si aún no estamos en la pipa, no estamos lejos de ella. -- En otro lugar: "En cuanto al cypiron (una especie de planta) sólo sigo a Apolodoro que, curiosamente, nos dice que los bárbaros suprimen su cansancio aspirando el humo de esta hierba por la boca.
Estos textos, lo admito, no son absolutamente concluyentes y, en todo caso, la palabra pipa no figura en ellos. La palabra no aparece hasta más tarde. Su significado primitivo es efectivamente el de pipa, que encontramos en la palabra pipeau. La palabra "pipare" existe en bajo latín en el sentido de soplar y silbar (Emile Littré, lexicólogo francés.)

Pasemos ahora a las investigaciones arqueológicas que presentan hechos más positivos imposibles de rebatir. Damos un resumen según M. Lejeal, añadiendo algunas indicaciones nuevas para nuestro país. En la prehistoria, la pipa más antigua sería evidentemente la pequeña pipa de arcilla encontrada en el centro de la estación lacustre de Chevroux (Suiza), si se demuestra que ha estado allí desde el principio. Se sabe que no es raro encontrar objetos de la época romana en las estaciones lacustres. Mide 14 cm de largo. El tubo de 1 cm. de ancho está decorado con líneas alternas de puntos y líneas dentadas dispuestas simétricamente en ángulo en ambos lados. La cabeza tiene cuatro figuras humanas toscamente modeladas. Cada media figura se utiliza dos veces. La duda sería muy legítima si este curioso objeto no tuviera un sorprendente parecido con las pipas de arcilla encontradas en los "terpen" (montículos) holandeses (túmulos prehistóricos) y estudiadas por D R. Westerhoff.


En el periodo histórico, los hallazgos se multiplicaron. Bastará con dar un cuadro resumen que no pretende ser completo:
Francia. --- Se han encontrado pipas de arcilla y de hierro en Neuville-du-Pollet (en un cementerio galo-romano), en Abbeville, en Limes cerca de Dieppe, en Beaumont cerca de Arras, en Courseuil en Bretaña, en Toul y en el campo de Chàlons.

Inglaterra. -- Son tan comunes en Escocia e Irlanda que se les ha dado un nombre: "celtic pipes" o "elfin pipes" o, en este último país, "danish pipes". El Sr. Collingwood-Bruce ha recogido muchas de las ruinas del Muro de Adriano. Se han encontrado otros en Nortlwmberlaud, y en Londres incluso en los restos de las murallas romanas cerca de la Torre.
El primero de ellos es el que se utilizó en la construcción de un nuevo edificio.

M. Quiquerez ha encontrado varios en las antiguas forjas del Jura bernés. Se conocen algunos de Morges,
Saint-Prex, Avenches, Yverdon, Nyon encontrados por M. Adrien Colomb en ruinas romanas bajo el agua, de Mezieres cerca de Oron, de Augst, de Burwein en los Grisones, de Sembrancher en Valais. Las pipas que he visto son de hierro y vienen en dos tipos. O bien la pipa tiene una longitud de ocho a nueve centímetros y permite usarla tal cual, o bien la pipa es muy corta, de tres a cuatro centímetros, y requiere que se introduzca en ella una caña o un tallo hueco. En este caso, se pueden ver pequeñas ranuras paralelas en el extremo de la pipa. Algunos de estas pipas conservan intactas sus tapas; la mayoría de ellos sólo muestran fragmentos carcomidos por el óxido o sólo les queda el pequeño hueco de la carcasa de la bisagra.

Italia. - Italia es muy pobre en pipas. Sólo se conoce un ejemplo muy auténtico, la pipa de bronce de la colección Campana del Louvre, con su pipa muy corta y su hornillo fuertemente hinchado. Viene de Roma. Sin embargo, parece que no fue la única de su clase.
Se dice que unos cincuenta pipas similares fueron arrojadas al Tíber por los obreros, según el Conde de Escalopier, que estuvo presente en el hallazgo (Lejeal).
Estos hechos no son todavía muy numerosos, y eso no es sorprendente. Por miedo al ridículo, se han destruido muchas cosas. Podría citar ejemplos en nuestro país, y este artículo no tiene otro objetivo que el de evitar destrucciones involuntarias y llamar la atención de quienes encuentran pipas antiguas sobre la necesidad de anotar exactamente las condiciones del hallazgo. De hecho, aún no está todo claro en este asunto.


Durante la Edad Media, el uso de la pipa no se perdió del todo. He aquí dos pruebas materiales: Un modillón de la iglesia de Huberville (Manche) en Francia, atribuido en el siglo XI por M. de Caumont, muestra una cabeza muy tosca, sosteniendo en su boca una gran pipa casi sin caño. En Irlanda, un rey de Thomond, Donoghi O'Brien, fue enterrado en 1267 en la abadía de Corcumare. El escultor lo representa tumbado en su tumba con una pipa corta en la boca.

¿Qué debemos concluir de esta pequeña investigación? ¿Que los romanos fumaban? Obviamente no. Sus redactores no habrían dejado de informarnos sobre este uso. Por otro lado, según la zona de dispersión de los hallazgos, la cosa parece muy probable para los celtas. Esta es la mejor explicación para el hecho de que las pipas se encuentren en los túmulos o en los cementerios galorromanos. ¿Qué han fumado? Cáñamo, creo. Tal vez se colocó una tea encendida sobre las semillas, como todavía se hace en Oriente. De ahí, en nuestro país, el predominio de las pipas de hierro, menos afectadas por la combustión de carbones incandescentes.
Dado que los celtas ocuparon muchos otros países, Alemania hasta el Elba, el norte de Italia, Austria y Hungría, e incluso algunos territorios periféricos, como Galacia en Asia Menor, sería interesante saber si también se encontraron allí pequeñas pipas de hierro. Todavía no disponemos de información precisa sobre este tema.

A. DE MOLIN

El Sr. L. Martin, conservador del Museo de Avenches (Suiza), ha tenido la amabilidad de facilitarnos la siguiente nota sobre las pipas encontradas en esta localidad:

Nro. 861 a. - Pipa de hierro. Caño: longitud de 5 cm, diámetro máximo. I cm., estrías. Hornillo: 3 cm. de largo, diámetro máximo de 1 1/2 cm. Espuela que sobresale bajo el hornillo. Restos de una tapa. No hay una procedencia exacta.
Nro. 861 b. - Pipa de hierro. Las mismas dimensiones. Ranuras en el ca ño. Base plana. Fuente indeterminada.
Nro. 861 c. - Pipa de hierro. Caño: longitud de 9 cm, diámetro máximo de 5 mm, estrechándose hacia el final; sin ranuras. Hornillo: 3 cm de largo, diámetro máximo de 2 cm. Base plana. Tapa. Adquirida entre 1852 y 1862; catalogada en 1862 por M. Caspari.
Nro. 1253. - Pipa de hierro. Ca ño roto: 3 cm de largo, diámetro máximo de 8 mm. Hornillo: 2 cm. de largo, diámetro máximo. 1 cm. Base plana. Restos de una tapa. Encontrada en Les Conches en 1866.
Nro. 1737. -- Pipa de hierro. Ca ño longitud  9 cm, diámetro máximo 5 mm. Hornillo: 3 cm de largo, diámetro máximo de 2 cm. Base plana. Restos de una tapa. Encontrada en 1875. Idéntico: Nro. 861 c.
Nro. 1841. – Pipa de hierro. Caño: longitud de 3 1/2 cm. y diámetro máximo de 9 mm. Hornillo: 2 cm de largo, diámetro máximo de 1 1/2 cm. Base plana. Restos de una tapa. Encontrada "detrás de la Torre" en 1877.
Nro. 2023. - Pipa de hierro. Igual que Nro. 1253. Tapa perforada con tres agujeros. Encontrada en 1886 "en un campo, arando".
Nro. x. - Pipa de hierro. Caño triturado: 7 cm. de largo, doblado en ángulo recto respecto al hornillo. Hornillo: 3 cm. de largo, diámetro máximo de 1 1/2 cm. Tal vez un rastro de una tapa. Regalo de M. Fornerod padre. Encontrada por él en sus excavaciones, 1890-1892.

Traducido de Les pipes antiques de A. DE MOLIN publicado en el Bulletin Nro. I Association Pro Aventico, Laussane, Impresor Georges Bridel (1887). Original: Universidad de California. Digitalizado por Google. Derechos: dominio público. Fuente: books.google.com

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Pipas antiguas del Museo de Friburgo (Suiza)
Pipas antiguas del Museo de Avenches (Suiza)

Imágenes de Pipas antiguas, orígen: libro Las pipas antiguas de Suiza por Reber publicadas en el libro Africa and the discovery of America, Volúmen II por Leo Wiener (1922). Original: Universidad de Harvard. Digitalizado por Google. Derechos: dominio público. Fuente: https://babel.hathitrust.org


SOBRE LA PIPA DE HUBERVILLE

Nota sobre la pseudo-pipa de Huberbille.
La iglesia románica de Huberville (cerca de Valognes) presenta unos curiosos modillones en el exterior de la nave, bajo el alero. Uno de ellos, el tercero de la capilla sur, es bastante famoso.

...de la celebridad. M. Théodose du Moncel fue el primero en señalar en 1843 "esta figura bastante peculiar que lleva una pipa en la boca". Incluso dio un dibujo litografiado del mismo, que era inexacto. M. de Caumont lo reprodujo. M. Gustave Lejeal en un estudio sobre la pipa en la antigüedad menciona este modillón, que compara con la estatua de la tumba de Donogh O'Brien, rey de Thomond (asesinado en 1267 y enterrado en la abadía de Corcumare, en el condado de Clare), aparece tumbado con una pipa irlandesa corta o dundee en la boca. El almanaque Hachette, año 1902, p. 331, dio un dibujo del bajorrelieve del siglo XII en Huberville según M. du Moncel. En 1903, un arqueólogo de Berlín escribió a M. Levallois, entonces párroco de Huberville, para pedirle que le proporcionara una reproducción lo más exacta posible del modillón en cuestión.
La reproducción fotográfica adjunta quizá baste para mostrar que lo que M. du Moncel tomó por una pipa parece ser más bien una especie de olifante (análogo a esos hermosos cuernos de marfil del siglo XII que se pueden admirar en el Louvre), roto en su parte más acampanada y sostenido por una mano muy pequeña (que M. du Moncel ha confundido con el talón de una pipa).


Los motivos de los modillones vecinos (pasteles o cuencos, peces, barriles) también podrían hacer pensar que este cuerno representa un recipiente para beber, como el del siglo XIII que se encuentra en el Museo de Copenhague; pero, sea como sea, hay que resignarse a abandonar la leyenda de la pipa de Huberville, que en menos de cincuenta años ya ha recorrido casi toda en toda Europa. Si M. Théodose du Moncel fuera todavía de este mundo, podría repetir con el poeta:

"¡Amigos, tomad el luto! Campana de Notre-Dame 
Informa a todo París de mis calamidades;
Los periódicos europeos anuncien a las ciudades 
El terrible golpe con el que el destino acaba de golpear mi alma...
No hay desgracia que supere mi dolor;
¡Mi pipa se ha roto! ¡Tengo que morir!...”

Traducido del libro Quelques notes sur Valognes por el Abad Jean- Louis Adam (1905).Orígen: Bibliothèque municipale de Valognes (Valognes). Derechos: dominio público.
Fuente: https://www.normannia.info/ark:/86186/1xm

La opinión que tenía el Abad Adam no fue compartida por otros estudiosos del tema que siguieron considerando que el objeto que se observa en el modillón es una pipa.


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¡Muy buenas pipafumadas!
Jorge