ALGUNOS APUNTES E IMAGENES SOBRE LA PIPA
(de un libro de Federico Ratzel Tomos I y II de 1888 y 1899)

De Trajes, armas y otros bienes de los indios.

Edwin Barber descubrió en las alfarerías de Pueblo reminiscencias griega y egipcias antiguas, de lo cual deduce, poco oportunamente en este caso, que el espíritu humano puede crear Ias mismas cosas en distintos lugares.
Con razón se ha dicho que la escasez de muestras onduladas y redondas son las caracterlsticas en los trabajos entrelazados y tejidos. Son muy notables los animales de piedra y arcilla, no tan fieles en Ios detalles como en la expresión general, que tan a menudo se encuentran en los mounds que  en mayoría servían de cabezas de pipa.
Estas generalmente representan algún animal siendo entre otros los más fielmente reproducidos el castor, la nutria, el ciervo, el oso, el lobo, el perro, la pantera, el lince, la vulpeja, el opossum, Ia ardilla y el manatí, siendo más frecuentes todavía Ias aves como águila, el milano, el halcón, el buzo, el martin pescador, distintas clases de mochuelos, el cuervo, Ia golondrina, el papagayo, el pato y diversas aves acuáticas. Las imitaciones de tortugas son tan perfectas que Sqnier y Davis en sus "Monumentos del valle del Mississippi dicen que cualquier observador desprevenido que encontrara en Ia hierba alguno de estos animales de piedra lo tomaría por natural. En Ia  América de Sud estas cabezas son más raras; esto no obstante, recientemente se ha encontrado en Rio Grande do Sul una pipa representando una cabeza de indio. El sentimiento artístico se halla a más bajo nivel en Ia mitad oriental de la América del Sud que en la occidental o en la América del Norte, y únicamente las tribus del Amazonas con sus hermosos trabajos de pluma se elevan bajo este concepto muy por encima de sus vecinos. Muchas de Ias citadas esculturas son de pórfido y otras de un material muy parecido a la famosa piedra roja de pipa" de Côteau des Prairies al Oeste del río San Pedro. Los americanos del Noroeste tienen en el territorio de Haidah una magnifica pizarra para sus delicadas esculturas de piedra valiéndose de ella para ejecutar los más fantásticos trabajos.
Es indudable que la decadencia de las artes indígenas se inició en el momento mismo en que los europeos pisaron las playas del Nuevo Mundo. Donde más claramente se vio esto fue en el Noroeste en dónde las artes habían alcanzado mayor altura que en la mayor parte del resto de América y a donde llegaron los europeos mucho más tarde.

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Los tschippewahes del Norte y los dakotas del Oeste no conocieron probablemente, en tiempos antiguos, el tabaco que tan generalizado estaba por todo el resto del continente. Esta planta se cultivaba, bien que no por todas las tribus, desde el Missurí al Plata: la costumbre de fumar el tabaco no solo en rama sino en la forma más determinada de cigarro fue una de las primeras curiosidades que Europa aprendió del continente occidental nuevamente descubierto. Los mandanes mezclaban con el tabaco por ellos mismos cultivado hojas de gayuba, planta que también era objeto de cultivo, y cortezas de varias especies de Cornus y de Eloeagnus. No era, sin embargo, el tabaco la única planta que se fumaba: los hupas, por ejemplo, fumaban, además, resina de roble. Los cigarros de los indios tenían a menudo 4 centímetros de diámetro y contenían
un poco de tabaco arrollado en hojas de otras plantas. Es un hecho característico el de que algunas tribus, como por ejemplo la de los churrujes de Colombia, a pesar de su pasión por fumar tabaco y a pesar de gozar de un clima tan a propósito, no cultivan esta planta. Para tomar rapé tienen los sudamericanos una porción de aparatos: las tribus de Guayana usan una caja que consiste en un gran caracol glotón cuya base está cerrada por un ala de murciélago fijada por medio de balata o gutapercha: su contenido consiste en un polvo aromático de composición desconocida que se saca de la caja sacudiendo el molusco cuya punta encaja en un hueso hueco que es el que contiene el rapé. Para llevar el polvo a la nariz tienen los indios un aparato compuesto de dos huesos de pájaro huecos y pegados con balata (véase el grabado siguiente: colocado un extremo en la boca y el otro en un agujero de la nariz, basta soplar para que el polvo llegue hasta lo último de la membrana pituitaria. Este aparato no lo usan más que los egoístas, pues la gente sociable emplea un instrumento que consiste en dos huesos cruzados en forma de X por medio del cual los amigos se soplan el rapé mutuamente.
El uso de la coca de los peruanos se extiende por todo el Norte de la América del Sud hasta los guajiros que la mascan, al igual que los peruanos, probablemente para excitar el sistema nervioso, y por el Este Ilega hasta el Huallaga, en donde los remeros de Popping, oriundos de la tribu de los cholanos, hacian cinco y seis paradas al día para mascar descansadamente esa hoja. Según una noticia contenida en la Perla de América de Julián, esos indios mascaban la coca mezclada con cal que llevaban en una caja, costumbre equivalente a la de mascar betel.


De Familia y sociedad de los indios.

Simson, hablando de los jíbaros gualaquizas, dice que una de sus más grandes ceremonias es la de iniciar a un niño de tres a cuatro años en el arte de fumar: para ello se reúne toda la familia y el jefe de esta pronuncia un discurso ensalzando las virtudes y las hazañas de los ascendientes del niño y manifestando la esperanza de que este será digno émulo de ellos, dicho lo cual se hace entrega de la pipa encendida al muchacho que hace las primeras aspiraciones y queda desde entonces convertido en fumador. Todos los circunstantes se pasan la pipa unos a otros y a seguida se celebra un banquete en el que se hace gran consumo de chicha.

De Religión y sacerdotes de los indios.

Al marcar el papel que representa el viento en los preliminares de la creación, cuya base definitiva ha de buscarse en la concordancia del soplo (alma) con el viento, concordancia que hace a los araucanos comparar a las "almas del cielo," dioses, con el viento, y a los krihkes designar a Dios como "señor del aliento," al marcar ese papel, decimos, aparece la santidad de la cuaternidad de las regiones del globo que encontramos en toda la mitología india y sobre todo el robustecimiento del elemento astronómico-meteorológico en todas partes presente. Los winnebagos dicen que su gran espíritu creó cuatro hombres, los vientos, y una mujer, la tierra.
Los vientos sirven por doquier para hacer habitable la tierra, pertenecen al número de los espíritus creadores benéficos y en la edad de la creación preceden al sol, a la luna y a las estrellas. Los indios norteamericanos no hacen sacrificios sangrientos en honor de los cuatro vientos como se dice que los hacen los aztecas, a lo menos nada dicen sobre este particular los relatos fidedignos; limitanse simplemente a enviar a las cuatro regiones del mundo, como al sol, el humo propiciatorio del tabaco de su pipa sagrada, pues no solo estiman el tabaco como hierba sagrada agradable a Dios, sino que —según unos indios afirmaron a Charlevoix - la pipa les vino de los panis, los cuales la hablan recibido del sol. Y si el sol es considerado como el único dispensador de los frutos y demás dones buenos, los vientos, en calidad de mensajeros suyos que traen las lluvias, el crecimiento de las plantas y el refrigeramiento, tienen también su parte en esta estima al lado de la luna a la que se atribuye cierta relación especial con la humedad y se adora en algunas partes  como diosa del agua, de tal suerte que en la mitología azteca el agua y la luna se consideran como cosas inseparables. También encontramos la cuaternidad en los cuatro servidores de Quetzalkoatl, el dios mejicano del aire y del sol, en los cuatro sostenedores de la tierra que sobrevivieron al diluvio, en los cuatro ángulos del mundo hacia los cuales dirigen los siouxes la pipa del consejo antes de pasársela de uno a otro, en los cuatro hermanos de la leyenda de los Arawakes que produjeron el diluvio rompiendo la calabaza del dios principal y en otra porción más de mitos y narraciones "cuaternarias." De aquí resultó después la difusión de la idea de la santidad del número cuatro que nos explica de un modo muy claro la presencia en los monumentos americanos de la cruz que tanto sorprendió a algunos, especialmente cuando la encontraron en la mano y en el traje de Quetzalkoatl.
Las fiestas que duran cuatro días, los cuatro baños de estufa purificadores, los cuatro amuletos encerrados en el saco de las medicinas a su vez compuesto de cuatro pieles cosidas que vemos entre los dakotas, los cuatro hombres que entre los mandanes son necesarios para construir las cabañas mágicas, las cuatro almas encerradas en el cuerpo que permanecen cerca del cadáver cuatro semanas según los hidatschas y cuatro días según los algonkines, las flechas que se disparan en dirección de los cuatro vientos cuando nace alguien, etc, etc., son otras tantas pruebas del notable predominio que este número ha alcanzado en la vida de los indios. En algunos puntos la costumbre ha convertido el cuatro en cuarenta.
Antes de la llegada de los europeos muchas tribus de la América del Norte mantenían un fuego eterno, y en 1747 todavía lo describe Colden como constantemente encendido en el sitio del consejo de las Cinco Naciones en Onondaga. Probablemente ardería en honor del sol, considerándosele demasiado noble para utilizarlo para fines de la vida ordinaria. En Virginia quemabase en él para regocijar a los espíritus tabaco, que también en otras partes hacia las veces de incienso.

De Cuadro de la civilización antigua de América.

No se sabe si la chicha de los peruanos se bebía también en Méjico. Preparábase con el maíz en fermentación, a la manera de la cerveza, y reemplazaba al sora, prohibido a muchos, especialmente a los guerreros y a la nobleza. Parece que esta cerveza ligera fue conocida también en los llanos de Méjico, especialmente en Michoacán. El Inca se reservó la coca. Finalmente, el tabaco no era menos usado en todos estos países que en la India occidental donde empezaron los europeos a conocerle. Entre los mejicanos, los sacerdotes se valían del humo y acaso del jugo del tabaco para perder el conocimiento cuando pretendían comunicarse con su divinidad. Cuando el ejército azteca volvía a la capital después de una guerra victoriosa, los ancianos llevaban pebeteros en los que quemaban tabaco, como para incensar al general. Los historiadores españoles escribieron que la causa de la rápida caída del antiguo imperio americano en el Alto Perú debía atribuirse a la embriaguez.

De Los indios americanos del Noroeste.

Dunn (1844) es el primero que nos habla de que junto a las casas de los haidahes se extendía generalmente un campo de patatas; Krause hace recientemente una manifestación análoga hablando de los thlinkites, pero en ambos casos se trata, al parecer, de un cultivo de escasa importancia.
La preparación de los manjares hacíase antiguamente casi siempre o bien echando piedras calentadas al rojo en artesas de madera o en agujeros practicados en el suelo o bien colocando los manjares sobre piedras ardientes, rociándolos con agua y tapándolos cuidadosamente con esteras: Jacobsen vio en Knight’s Inlet (isla de Vancouver) emplear como puchero el gran tambor de madera de las fiestas. En la actualidad están muy en boga los pucheros de hierro gracias a los cuales se puede cocer sobre el fuego. Los pescados pequeños y los mariscos son cocidos a fuego lento; las huevas se comen crudas o se empaquetan en cestas dejándolas fermentar. En cuanto a los demás pescados cada uno se come a su manera. Una de las cosas que con más gusto se comen es la grasa de ballena y de foca cuando empieza a entrar en descomposición. Algunas raíces suelen ser mascadas por las mujeres antes de cocerlas. El fuego se obtiene frotando un palo de cedro en un pequeño hueco practicado en un trozo de madera blanda.
Sproat cree que estos pueblos antes de fumar tabaco en pipas de extrañas formas (véase la figura siguiente) fumaron una hierba embriagadora que entre los tschinukes fue la Bearberry. Uno de los pasatiempos más agradables y generalizados consiste en mascar resina.

Es digno de notarse que en el Noroeste de América aparece una riqueza de ornamentos que por su tendencia general recuerda la ornamentación neozelandesa. Ora despierte esta semejanza la hipótesis de que esto sea resultado de un antiguo enlace de partes de la población del Pacifico geográficamente opuestas, ora se pretenda ver en ello efectos análogos de análogas causas, el fenómeno resultará siempre interesante. Podemos pasar por alto el hecho de tan sorprendentemente rico y variado desenvolvimiento de la ornamentación porque en muchos puntos de la tierra se nos presenta como algo espontáneo. Si queremos buscar los modelos encontraremos que los de la ornamentación recargada y retorcida de las pipas de piedra labrada (véase la figura) y de los ídolos pintados aparecen en Méjico y en la América central a no muy remota distancia, no faltando etapas intermedias entre unos y otros. Pero lo realmente raro es la presencia de verdaderos martillos de hueso con mango representando una cabeza de pájaro que por su forma coinciden con los de Nueva Zelandia y cuyo puño adornado robustece, a pesar de sus variantes, esta semejanza.


De Las regiones hiperbóreas.

Pipa de colmillo de morsa (recorte de imágen Tomo II pág. 117)

De Ojeada sobre el círculo de los pueblos eritreos.


De Familia y estado de los hiperbóreos.

La alimentación de los nómadas de las selvas del Norte de Asia es abundante cuando para ello hay medios suficientes: el clima exige una nutrición tal que los europeos, al poco tiempo de estar sometidos a su influencia, comen el triple de lo que antes solían comer. La alimentación, además, es principalmente animal, y los elementos fundamentales de Ia misma constitúyenlo la caza, Ia pesca y la cría de rengíferos: los ricos chuktches rengíferos se alimentan casi exclusivamente de sus rebaños consumiendo no solo carne fresca sino también carne salada, secada al aire y ahumada. En cada jurte y en cada cabaña hay colgada una caldera en la que se cuece carne y de la que se toma la comida común. Los pescados helados se comen crudos como también Ia cabeza de los rengíferos recién matados; el hígado, Ias orejas y la grasa de la espalda del propio animal crudas son consideradas coma golosinas. Como bebida consumen estos pueblos Ia grasa o Ia manteca caliente en cantidad hasta de algunas libras. La abundancia de alimentos es a menudo excesiva.
El tabaco se fuma en pequeñas pipas de hierro o de marfil con punta de madera que son imitaciones de Ias chino japonesas (véase la siguiente imagen): pocas chupadas bastan para consumir el contenido de las mismas, pero los fumadores hacen las aspiraciones tan profundas que a menudo producen un efecto embriagador. Para aumentar la fortaleza del tabaco se le coloca sobre una capa de pelos de rengífero; estos y las virutas de madera, sobre todo si han sido cortadas de una vieja punta de pipa, constituyen un agradable sustituto del tabaco.

De Los pueblos naturales del Africa, de la sección El pueblo.

Los Wagandas de Africa.

Los Hotentotes.

De Generalidades acerca de los africanos.

C
on plátanos y caña de azúcar se preparan otras bebidas espirituosas, y es también costumbre generalmente extendida por toda la zona palmífera la de encentar las distintas clases de palmera para sacar el vino que contienen. A estos placeres hay que agregar los del tabaco, del cáñamo, de las habas del café y de las nueces del gurú. Estos pueblos tienen verdadera pasión por el tabaco, que toman en todas las formas de que este es susceptible. En el Africa oriental, los paganos prefieren fumar y las tribus mahometanas mascarlo: entre los cafres, es más común el tomar rapé, cosa que hacen a la perfección. Su manera de aprovechar el rapé es ingeniosísima: entre dos piedras frotan el tabaco de fumar hasta convertirlo en polvo y entonces Ie echan ceniza y brotes frescos de una hierba fuerte para darle mayor fortaleza y para que resulte mayor cantidad. Este rapé "preparado" lo echa el cafre en un pedazo de piel de la cual toma grandes raciones de este polvo narcótico y picante que introduce en su nariz. Sumido en este placer, puede permanecer durante largas horas sentado al sol con la preciosa piel aplicada constantemente a la nariz hasta haber consumido el último granito. Los muy ricos pueden permitirse el lujo de tomar el rapé de una caja que llevan colgada del lóbulo auricular en forma de caña, o anudada al cuello o al cinturón en forma de canuto de calabaza o de marfil. Del ajuar del fumador forma también parte la cuchara de la nariz (libeko) pequeña pala de 4 a 35 centímetros que sirve, además, para rascar las manos después de la comida, como sabemos lo hace Sepopo, rey de los marutses. Para fumar tienen esos pueblos distintos utensilios: los del Africa del Sud el cuerno de antílope, cuya parte ancha sirve de receptáculo; los de los territorios ecuatoriales la pipa que puede contener hasta medio kilogramo de tabaco; y los pueblos primitivos el agujero practicado en el suelo y cubierto con piedras horadadas. La costumbre de mascar el tabaco esta poco extendida y parece haber sido introducida por los árabes. La aspiración de la nicotina que queda depositada en el fondo de la pipa es por muchos considerado como el máximo de este placer. El valor que los negros dan al tabaco se demuestra por el importante papel que en sus costumbres desempeña: su ofrecimiento y consiguiente aceptación constituye un modo de saludarse que establece estrechos lazos entre dos personas.
Es, además, un símbolo de gran significación en los preliminares de las bodas: en efecto, el mensajero que entre los betschuanes va al kral de la novia después del mediador matrimonial, dice, una vez la muchacha ha dado una contestación afirmativa, las siguientes palabras: "He venido a pedir tabaco": entonces las mujeres pican tabaco y llenan con él una pequeña calabaza que es llevada por uno de sus varones al kral del novio, cuya familia se lo fuma solemnemente. El acto de absorber el tabaco de la novia es uno de los episodios de las ceremonias nupciales. La calabaza vacía es devuelta a la novia, la cual la adorna con perlas y se la pone en las grandes solemnidades: esta calabaza, a la cual llama "su hijo", es el signo de que está prometida y no se la quita hasta después del primer parto: entonces la desguarnece de las perlas que la adornaban y se la pone a su primogénito.
No es del todo inverosímil que el uso del tabaco en Africa sea anterior a la importación de la planta oriunda de América hecha por los árabes y por los europeos: por lo menos, se cultiva en muchas partes de Africa una especie de tabaco distinta de la Nicotiana virginiana. "De todas maneras, los africanos superan a todos los pueblos en inventiva para construir los más variados aparatos para fumar, desde los mas sencillos hasta los más complicados, razón por la cual cabe suponer que quizás favorecieron la rápida propagación de la planta extranjera solo porque tuvieran ya costumbre de tragar el humo, sea del tabaco rústico como planta indígena, sea de otra hierba cualquiera que les sirviese de estimulante. Pero en contra de esta hipótesis existe el hecho de que los monumentos del antiguo Egipto, que nos permiten conocer los más minuciosos detalles de su vida doméstica, no contienen, o por lo menos no se han encontrado hasta hoy en ellos, inscripción ni dibujo alguno que pueda ser indicio de que tal uso se hallara establecido en los pueblos entonces conocidos" (Schweinfurth). Los negros de la costa oriental o del Sud de Africa fuman, como dacha o bange, las hojas secas de la Cannabis indica, ora solas, ora mezcladas con tabaco para darles mayor fortaleza: esta costumbre parece la encontraron establecida en el Sud de Africa los primeros europeos. Cuando un boer del Africa meridional quiere utilizar los trabajos de los fumadores de dacha, empieza por cultivar esta clase de cáñamo, porque sabe que la mejor manera de tenerlos sujetos si la tierra que labran es darles la posibilidad de disfrutar de ese placer. Por regla general emplean aquéllos para fumar una especie de pipa de agua consistente en una caña, en cuyo extremo superior hay el receptáculo que contiene el tabaco y en el inferior un cuerno, lleno en parte de agua (véase la imagen siguiente): el fumador, al aspirar por la boca del cuerno, hace pasar el humo por el agua y luego lo espira por medio de otra caña al suelo, haciendo toda suerte de dibujos, o lo lanza con fuerza al aire junto con el agua que toma en la boca. Estas pipas de dacha van dando la vuelta alrededor del corro y cada uno de Ios circunstantes se entrega con pasión a este placer. Cuando no se tienen a mano estas pipas, fabrican los fumadores un recipiente de arcilla, en uno de cuyos lados se pone la hierba, mientras el otro se aplica a la boca: en el centro hay una cantidad de agua. Esta clase primitiva de la pipa de agua, a pesar de no ser muy cómoda, está extraordinariamente extendida.



De Los Zulús.

Cualquiera que, procedente del Oeste desciende de las mesetas del interior por las alturas que las circuyen y que llevan el nombre de montes de Draken, hasta el país bajo de la costa oriental, siéntese inmediatamente rodeado no solo de una naturaleza más fuerte y más fértil, sino también por una población indígena más independiente y más activa. En número cada vez mayor, álzanse en forma de colmenas los krales cuadrados y cercados de los cafres de Natal, que se reúnen constituyendo grupos: sus rebaños pacen en los prados que por todas partes se extienden y las figuras musculosas y a menudo arrogantes de los hombres de color que acuden para vender leña, de que por tanto tiempo se ha visto privado el viajero, o para realizar cualquier otro negocio, completan aquel cuadro que forma marcado contraste con todo lo restante que encierra la colonia del Cabo tocante a la vida y movimiento de los indígenas. Si se penetra en el recinto de un kral, nótase en seguida que la raza que lo habita no es del todo inactiva. El limpio tejido de sus cabañas en forma de colmenas y el orden con que una valla, perfectamente construída, circuye cada grupo, producen una impresión agradable; y aún cuando los habitantes vayan durante el rigor del verano casi desnudos, comprende el viajero que se encuentra entre hombres cuya vida parte de ciertas bases regulares en vez de vivir al día; los que le rodean son pastores que viven de una posesión segura y de su propio trabajo, no de la casualidad ni de los dones inseguros de la naturaleza, tal es el país más poderoso, más fuerte y más duradero desde el punto de vista histórico, que hasta el día han fundado los cafres; el país de los zulús.
La palabra Zulú tal como viene escrita deriva de la escritura holandesa y de la inglesa, en las cuales la z es de pronunciación dulce, de suerte que propiamente debiera escribirse sulú. La palabra ama que a menudo precede a aquélla significa pueblo. La forma sula corresponde a los sintos, en cambio los cafres de Natal se llaman a si mismos sulú. La palabra sulu, como kosa, gaika, etc. , deriva del nombre de algún caudillo mítico.

De El país Cafre y los cafres.

El zulú que es el mayor tomador de rapé de entre todos los africanos, no fuma mucho menos que sus vecinos del Sud y del Oeste, y para él la pipa de agua, que se fabrica con cuerno de antílope, sobre todo de Kudu (umgakha) es el primero de sus placeres excitantes. El cáñamo narcótico (isangu) no siempre se mezcla con tabaco, y si veces una sola pipa de él embriaga a todo un grupo que se la va pasando de uno a otro individuo. Gardiner cita como rasgo carácteristico el hecho de que generalmente el rey toma la iniciativa de esta pasión por el fumar que con el tiempo convierte a los hombres en idiotas. Igual efecto produce la cerveza, a pesar de ser muy floja; de esta se hace un consumo extraordinario. Estos placeres contribuyen a que el hombre sea más perezoso que la mujer, de la cual cuenta Nauhaus que recorre dos millas llevando una carga de 100 kilogramos. Las mujeres son casi las únicas que llevan carga.

De Los bestchuanos.

Los betschuanos, como todos los demás sud-africanos, son aficionados en extremo al tabaco, que llaman "mala hierba divina" y que sólo usan en forma de rapé, por cuya razón las tabaqueras de calabaza, o de cuerno, o de hueso, son artículos indispensables de tocador (véase la figura siguiente).



De Los Ovareros.


Una situación rara ocupan en el territorio de los hereros los damaras montañeses que se denominan a si mismos haukoin, es decir verdaderos hombres: los namaqúas que primero fueron sus aliados y luego sus señores, les dan el nombre intraducible por lo indecente de Ghu Damup, o Damán. Estos damaras montañeses se parecen mucho por su género de vida a los bosquimanos: en cambio su idioma se del pais habiendo compartido el territorio, hasta que llegaron los damaras (hace unos cien años), con los bosquimanos, ocupando aquéllos las montañas y estos las Ilanuras: estos últimos los trataron siempre como a inferiores, no casándose los individuos de la una raza con los de la otra: el hecho de que los primeros aceptaran el idioma de los últimos demuestra que fueron sometidos por conquista.
Los damaras montañeses están diseminados en escaso número por las montañas, en cuyos puntos de más difícil acceso fijaron sus residencias. Galton visitó una de estas emplazada en una montaña de rocas cortada a pico y punto menos que inaccesible llamada Erongo y situada al Norte del rio Swakop, y encontré que su existencia no era tan miserable como podía creer cualquiera que se encontrara. con ellos en la llanura. La cabaña de un caudillo se componía de varios departamentos, construidos debajo de un grupo de árboles, uno al lado de otro, de tal manera que las ramas de éstos formaban el techo de aquélla y sus troncos constituían en libertad relativa reflejada en su situacidn general." Estos damaras, montañeses al igual que los hotentotes propiamente dichos, cultivan la dacha y como ellos también la fuman con pasión en pipas de agua tragáindose el humo y fumando hasta embriagarse por completo. También fuman con gran afición el tabaco y son especialmente apasionados tomadores de rapé. Los utensilios y las armas de los damaras montañeses son, por regla general, los mismos que los de los hereros, con la sola diferencia de que abundan me nos y son por término medio, sobre todo por lo que hace a las armas, más rústicos...

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De Los bavekos de Africa.


Dícese también, que los bavekos son fumadores apasionados, razón por la cual a Wahlberg le recordaron a los alemanes. Casi siempre se les ve con su pipa de un metro de largo, cuyo receptáculo tiene muchas veces la forma de una cabeza de hombre: el tubo está hecho con un pedazo de cañón de fusil al cual va adherida una pieza de hierro. Los bavekos estiman tanto sus pipas que, según Green, antes que desprenderse de ellas se desprenderían de sus mujeres. De sus habilidades artísticas merece citarse la escultura, de la que nos ofrecen buenos ejemplos sus pipas para tabaco y sus palos-mazas (kirris) adornados con cabezas humanas o con figuras de animales.

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De Los pueblos de color claro de los territorios del Alto Nilo.

Los mombuttús.
Merece asimismo consignarse que los mombuttús, con ser fumadores apasionados, no emplean en sus pipas cazoletas de arcilla: en este punto demuestran su ingenio utilizando el nervio central de la hoja del plátano como tubo de pipa y colocando en él un pedazo arrollado de esa misma hoja que se llena de tabaco. Algunos magnates, sin embargo, fuman en pipas cuyo tubo es de metal y tienen hasta cinco pies de largo. Los mombuttús fabrican también pipas de extraordinarias dimensiones.

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De Los territorios de los pueblos más interiores del Africa Central.

La caña de azúcar del Congo central es probablemente la caña de azúcar silvestre indígena. La ganadería, en cambio, está poco desarrollada por razón del clima y quizás también a causa de la mosca zezé. La cría más importante es la de las cabras entre los manyemas, por lo menus se dice de estos que aman más a los cabritos que a sus hijos. La cabra es la unidad de precio a que se atiende en la compra de la mujer (10 cabras es la muchacha bonita) de la misma manera que en otras partes sirven ai este objeto los bueyes. También se crían allí de una manera notable los perros, como hemos visto entre los habitantes del bajo Zambezé. "Hay - dice Stanley — una tribu llamada baama, cuyo caudillo, Subiri, hace el comercio con perros y conchas de mariscos:" estos baamas encuentran más sabrosa la carne de perro que la de oveja y la de cabra.
Es digno de especial mención el hecho de que todos los pueblos conocidos de este territorio usan el tabaco, fumándolo en pipas de arcilla. Las pipas para tabaco de cuello hinchado, como las que poseen los habitantes del territorio del alto Nilo, escasean allí tanto como las de cuerno de antílope que tienen los sud-africanos. El vino de palma es de uso general. La sal del Sudan no llega, al parecer, hasta esos países, puesto que oímos hablar, como equivalente de la misma, de la Pistia stratiotes, planta que alli abunda mucho y que precisamente para este uso se cultiva en Ukusu (Congo central).

De Las tribus negras del Alto Nilo.


El exámen del traje, de los adornos y del armamento que juntos constituyen la mayor parte de la producción industrial de estos pueblos, nos ha puesto de manifiesto la variedad y hasta cierto punto la perfección de los respectivos productos. Réstanos citar la fabricación de objetos de arcilla (tarea las más de las veces confiada  a las mujeres) y especialmente la de gruesas pipas para tabaco, cuyas embocaduras son a veces ensanchadas por fijarse en ellas una calabaza en forma de pera, en la cual se introducen las bolas de estopa destinadas a empaparse en la infusión del tabaco y a ser luego mascadas. La cabeza y el tubo de estas pipas son a veces tales que parece que el delicioso humo no ha de poder ser aspirado rápidamente y en cantidad suficiente. El tubo tiene a menudo el grueso del brazo y la cazoleta puede fácilmente contener un cuarto de libra de tabaco. El trabajo de estas pipas es generalmente tosco y las diferentes piezas de que se componen están unidas entre sí por medio de una piel cosida o atada; en cambio las esculturas de las cabezas de las pipas, imitando rostros humanos, estan bastante bien hechas. Casi en todas las chozas hay vasijas de arcilla grandes para los cereales y pequeñas para el agua.

De Los balundas de Africa.

Lunda sería un país muy propio para la ganadería por los excelentes pastos que posee especialmente al Este de Lulúa. A consecuencia de la falta de bueyes y de toros de carrera, los magnates van montados en las espaldas de sus esclavos, vehículo que no desdeñan tampoco las mujeres. Como animales domésticos encontramos las cabras, las gallinas, los perros, algunas aunque pocas ovejas negras y cerdos. Aquí, como más hacia el Sud, los más pequeños mamíferos, como ratas y ratones, son alimento muy estimado, pues la caza mayor es insuficiente a causa de la pobreza de animales que presenta el país. Además del pescado, comen los balundas las orugas amarillas y negras y las langostas. La cerveza de mijo (garapa) y el vino de palmera son bebidas muy usuales y pertenecen al número de regalos que por regla general se hacen a un huésped. El maíz no se utiliza para la fabricación de la cerveza y el tabaco sólo se cultiva para el consumo propio y se fuma en una pipa de agua (mutopa) que se compone de una pequeña calabaza llena de agua y de una cazoleta de arcilla.

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De Agricultura, ganadería, etc. De los Polinesios y Micronesios.

Los neo-zelandeses no tenían, que sepamos, ninguna bebida embriagadora. "iQué fortuna — dice J. Forster-- que no conozcan las bebidas embriagadoras que indudablemente los harían más salvajes y más indómitos!" En cambio, se han dedicado con increíble rapidez al uso del tabaco en todas sus formas y las pipas figuran en el número de los productos no más modernos de su industria.

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De Trajes, armas y otros objetos de los Malayos.


Pipa de Sumatra. Museo Etnográfico, Dresde (recorte de imágen pág. 604 Tomo I)


 

La costumbre de mascar betel está extendida por todo el territorio; quizás falte en algunas comarcas remotas, pero de todos modos es más general que la de fumar tabaco que no encontramos en la isla de Cerarn. Los tagalos sienten verdadera pasión por el tabaco pareciéndoseles en esto todos los malayos mahometanos. Los viajeros describen en Borneo una pipa de agua hecha con un pedacito de madera de hierro muy dura que se clava en un bambú lleno de agua con objeto de enfriar el humo; en Luzón hay pipas para tabaco copias de los modelos chino-japoneses y únicamente destinadas a dosis de tabaco del tamaño de una haba (véase en la figura siguiente). "Todos estos pueblos están tan acostumbrados al goce del tabaco que sin este es muy difícil tratar con ellos; una distribución pródiga de este narcótico es el mejor medio para atraerse las simpatías de esta gente y para hacerla trabajar con gusto" dice A. B. Meyer después de haber tratado durante mucho tiempo a. las tribus malayas. El placer del tabaco viene inmediatamente después del placer del betel. La planta de tabaco era objeto de cultivo en el interior de Borneo, en las apartadas Molucas y en Timor aun antes de la llegada de los europeos que, como es sabido, han hecho de Luzon, ]ava y Sumatra centros importantes de cultivo de este vegetal; el tabaco es actualmente en todas partes un articulo de comercio codiciado. El fumar y el mascar tabaco no bastan a esos indígenas sino que algunos de ellos, como los dajakes, tienen la extrafia costumbre descrita por Schwaner de ponerse entre los labios y lamer bolitas de ceniza de tabaco. Michielsen nos ha dado recientemente la siguiente descripción: (Con el tabaco (entre paréntesis muy malo) cortado en partículas muy pequeñas llénanse grandes cilindros hechos con hojas verdes de plátano; las mujeres son las que principalmente fuman estos cigarros, lo cual no es tarea fácil, gracias a lo mal que arden. Terminada esta difícil tarea, mójase la ceniza con saliva y se hacen con ella unas bolas del tamaño de un huevo de paloma que proporcionan a los dajakes el placer antes mencionado." Los vicoles de Luzon mascan los cigarros con betel.

Los chinos han extendido de tal manera por el archipiéIago malayo la costumbre de fumar opio que el gobierno colonial holandés obtiene de la venta y arrendamiento de este producto unos 14 millones de florines: el 90 por ciento de esta cantidad procede de Java y de Madura, prueba de que son los javaneses los que más dominados se hallan por este vicio.

De Noticias históricas sobre la civilización del Asia oriental.

De Iranios y pueblos afines.

Es sabido que en la antigüedad los reyes persas hacían llevar en sus viajes el agua de ciertos rios, especialmente del Zab, para su uso especial. Los persas son muy aficionados a la manteca y a la leche agria. Celebran banquetes con música, bailarinas y juegos de dados, y beben vino hasta embriagarse completamente. El uso del tabaco, especialmente fumándolo en el Narguilé, es aún más general que en el Oriente. En el Turquestán oriental úsase también, como en Persia, el bang, narcótico hecho con extracto de cañamo, que se mezcla con el tabaco o se come con dulces, y el opio, que han introducido los chinos y se gusta hace mucho tiempo en Persia. Casi todos los derviches persas son fumadores de bang. En las ciudades hay un número demasiado crecido de guaridas miserables en donde se fuma opio y bang. También se hace algún uso del te y del café.

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De Mogoles y pueblos turcos.

Muchos manjares se mezclan con frutos y raices silvestres que en grandes cantidades recogen las mujeres y los niños; así las bayas del kharmik (Nitraria Schoberi) forman parte de la comida de los mogoles de Tsaidam.
La costumbre de fumar opio se ha extendido tanto m ás en la Mogolia cuanto que muchos chinos emigraron allí para sustraerse a la prohibición de cultivar la adormidera y de preparar el opio que en su Imperio existe y ha alcanzado su apogeo en los centros de las más apartadas de esas posesiones del Este del Turkestán. Los mogoles fuman el tabaco en pequeñas pipas chinas; sus hermanos los kalmukos del Volga usan una pipa más europea con tapadera para que el fuego resista los terribles huracanes de la estepa.

De Los kirguises.

Entre los actuales kirguises celébranse todavía esponsales cuando los novios están aún en la cuna, haciendo el padre del novio la demanda con las mismas formalidades que si se tratara de adultos, es decir dirigiéndose con sus parientes más próximos al uluss de la novia y hablando con el padre de esta de cosas indiferentes hasta que sacando una taza de aguardiente y una pipa preparada formula su petición. En la tribu kisil de los kirguises de Tomsk el padre del novio pronunciaba, hace aún muy pocos años, las siguientes palabras: (Si el agua invade tu vivienda yo seré un fuerte dique; si el viento sopla en ella seré una pared protectora; si me llamas acudiré corriendo como un perro; si me golpeas en la cabeza entraré en tu casa y seré tu pariente.) Si el padre de la novia acepta el aguardiente y la pipa, es señal de que accede a la demanda y entonces se trata del kalim y de la época en que se celebrará la boda. La entrevista termina entregando el padre del novio al de la novia y a. los parientes de esta algunos paños de algodón.

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De Japoneses y Coreanos.

En la alimentación de los japoneses el arroz representa un papel tan importante, que las tres comidas habituales se llaman arroz de la mañana, del mediodía y de la tarde. Los habitantes pobres de las montañas, que se mantienen de trigo turco, cebada y trigo, dan de comer arroz a los niños, a los ancianos y a los enfermos. Lo mismo pasa en Corea, donde los pobres comen trigo turco, habas, guisantes, raíces y patatas, que fueron introducidas por los europeos. Los japoneses comen también, como golosina, rábanos blancos y ciruelas, frutas indígenas y todas las de Europa, y además pescado y mariscos. Nunca faltan huevos en las mesas de los ricos. Los japoneses, como los chinos, comen con varillas: toman mucho el te, beben sake (aguardiente de arroz) y fuman tabaco, pero no domina el vicio de la embriaguez. Los coreanos beben más aguardiente que te. Hace mucho tiempo que se cultiva el tabaco en Corea. Todos los coreanos usan una pipa que mide 65 centímetros y los grandes van seguidos por un criado que les lleva la pipa que suele tener metro y medio.

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De Situación etnográfica y vida exterior de los Madagascareses.

Los hovas más civilizados cultivan también las legumbres europeas, especialmente las habas. Estos insulares destilan de la caña de azúcar la bebida espirituosa denominada toakka y cultivan, además, como objetos de placer el cáñamo y el tabaco; éste es fuerte y malo y rara vez lo fuman los sakalavos valiéndose, cuando lo fuman, de unas pipas de agua parecidas a las de los sudafricanos y fabricadas con arcilla y con calabazas de forma de cuerno de buey. El tabaco no se toma nunca como rapé, en cambio se masca con verdadera fruición para lo cual se pulveriza previamente.


El texto y las imágenes pertenecen al libro Las razas humanas, obra escrita en alemán por Federico Ratzel. Tomos I y II. (1888 y 1889) Digitalizado por Google. Derechos: dominio público. Fuente: books.google.com

Respecto a las razas.
Respecto a las razas, las declaraciones científicas que quizás gozan de más autoridad son las de un grupo de expertos reunidos por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). En 1950, 1951, 1964 y 1967 se celebraron reuniones en las que un grupo internacional de antropólogos, zoólogos, médicos, anatomistas y otros promulgaron de común acuerdo cuatro declaraciones sobre las razas. La última enfatizaba los tres puntos siguientes:
A “Todos los seres humanos que viven hoy día pertenecen a la misma especie y descienden del mismo tronco.”
B “La división de la especie humana en ‘razas’ es en parte convencional y en parte arbitraria, y no implica ninguna jerarquía en absoluto. [...]”
C “El conocimiento biológico actual no nos permite imputar los logros culturales a las diferencias en el potencial genético, sino que solo deberían atribuirse a la historia cultural de los diferentes pueblos. Los pueblos del mundo actual parecen poseer igual potencial biológico para alcanzar cualquier nivel de civilización.”
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Raza (Licencia Creative Commons Atribución Compartir Igual 3.0).

¡Muy buenas pipafumadas!
Jorge