Blow the man down.
Una historia marina que jamás fue contada.


Estuve casi una semana en Winnesauk, pero este es el único atractivo de este pueblo de pescadores de Nueva Inglaterra que guardo del trabajo que me llevó a ese lugar. Winnesauk fue atrapado por leyendas y tradiciones; por diez generaciones sus hijos han navegado por los siete mares como balleneros, pescadores y comerciantes, y aun hoy los muchachos de Winnesauk estuvieron con nuestra flota patrullera en el Pacifico.
Fue mi plan original trabajar sobre una serie de historias de marinos y la Sociedad Histórica de Winnesauk tenía el material de investigación que yo necesitaba, pero el aire especiado de pino y los cielos brillantes atravezado por las gaviotas con sus chillidos me separó del trabajo para introducirme en la pereza.
Para aclarar la mente para la cercana tarea, pasé mis dias pescando en la pared de una de la muchas cuevas marinas de Winnesauk y desde este sitio pude disfrutar de una gran vista de ese pequeño pueblo gris cuyas historias son más antiguas que los olmos que crecieron a lo largo de su adoquinada calle principal.

Y ocurrió que me enamoré de la pesca, ninguna otra de mis experiencias han sido tan gratificante excusa de mi pereza. Pero también debo admitir mi gran curiosidad sobre el Capitán Ellis.
El vendia anzuelos y alquilaba útiles para pescar. Su casilla estaba al pie del muelle público y aunque otras casillas estaban más cerca de mi cueva fui con el Capitán Ellis.
El era el más tipico marino para alquiler que yo había visto, su gorra de visera hacia sombra sobre su ojos color gris marino. Una salvaje barba blanca relucía como rocío marino enmarcando su curtido rostro, de su boca colgaba siempre una pipa.
Yo lo veía todos los dias dos veces, cuando le alquilaba mi el equipo de pesca y cuando se lo devolvía, cada vez que esto ocurría el tenía una pipa diferente que se destacaba sobre su barba de viejo marino.
Sobre una de las paredes de su casilla estaban colgadas todas sus pipas.
Debía de haber por lo menos una centena, algunas de tosco hueso, antiguas espuma de mar talladas, de cerámica pintadas, magulladas de brezo, borleadas de loza, de ébano del Congo. Nunca había visto un surtido tan grande, cada una de ellas debía temer una historia.
Cuando yo pasaba por el lugar siempre había pequeños grupos de turistas escuchado relatos de sus aventuras, nunca me detuve pero frecuentemente escuchaba fragmentos de sus historias y los nombres de las ciudades me emocionaban: Alaska, Suez, Groenlandia, las Marquesas, Africa...
Y una vez yo tuve una gran idea, dejar de lado mi proyecto que implicaba la investigación histórica; en lugar de esto escribiría aventuras verdaderas frescas aun en las memorias de aquellos que las vivieron. Y el Capitán Ellis sería el hombre que me ayudaría a hacerlo. Una noche le devolví muy tarde el equipo de pesca deliberadamente lo que me dio la oportunidad de invitarlo a cenar, entonces fuimos al mesón para tener una mesa privada; yo llevé mi apreciada botella de vino de Madeira y una lata de tabaco Balkan.

Cenamos y el Capitán Elis atendió mis sugerencias; le expliqué que era un escritor en búsqueda de material auténtico de Winnesauk y que no estaba interesado en fríos datos disponibles en cualquier guía turística.
Yo quería historias íntimas, las aventuras de sus habitantes, las hazañas de sus héroes locales...
"Ahora, usted, Capitán Ellis", le dije mientras volvía a llenar su copa de vino, "Usted es un hombre que debe tener millones de historias, debe haber tenido historias más emocionantes que en la ficción y Yo podría escribir... sobre sus viajes alrededor del mundo." Entonces el Capitán Ellis me interrumpió y dijo sencillamente: "Yo nunca he estado más allá de Fall River en toda mi vida" y "antes de la guerra fui piloto del ferry que iba desde Winnesauk a las Islas."
¿Winnesauk a las Islas?, hay solo tres millas, es una ruta de verano para turistas. "Pero, Capitán Ellis." alegué "¿Que pasó con aquellas historias que usted contaba en el muelle?" "¿Que pasó con las pipas que trajo de todas partes del mundo?" "¿Donde obtuvo la pipa de hueso de ballena que tiene en este momento?"
"Las historias" dijo e hizo una pausa para continuar: "Yo las creo al igual que usted escribe sus cuentos". La pícara sonrisa de un escolar apareció a través de lo que empezaba a temer fuera un falso bigote. "¿Las pipas?" dijo mientras se inclinaba hacia atrás en su silla y se ponía una coloreada pipa de colmillo entre sus sonrientes labios. "Por años he estado recibiendolas por correo desde Nueva York, mi hijo más joven que está en Nueva Guinea siempre adoró fumarlas."
El irónico humor de la situación me impresionó de una forma que me encontré yo mismo riendo de buena gana con el Capitán Ellis. Fue algo para mis libros, la broma fue a mi costa pero también la disfruté. Empujamos nuestra tazas de café y nos servimos más vino. Entonce sugerí: "Bien, terminemos la velada con algunos de mis tabacos, es un mezcla especial que estoy seguro que le gustará."
Los ojos gris marino del Capitán Ellis parpadearon mientras me respondía:
"Si usted realmente no lo sabe." me dijo amablemente "Yo nunca he fumado."

__________________________________________________________________________


Nota: "Blow the man down", es una expresión que se utilizaba entre los marinos en el siglo XIX para referirse a los castigos corporales a los que eran sometidos los marinos de algunos buques en esa época. Luego se popularizó entre los marinos como una expresión que se utilizó para referirse a un suceso extraordinario ocurrido.
El personaje de historieta Popeye el marino solía decir algunas veces:"Well, blow me down!"

La presente traducción corresponde a un relato que apareció en el Catálogo de Verano de 1945 de la antigua tabaquería George Yale (Nueva York, EE.UU)
Fuente: www.pipepages.com

Hasta la próxima y buenas pipafumadas.
Capitán Remus