La conservación del tabaco en el siglo XVIII

Cartas eruditas, y curiosas.
Tomo Primero (1742) por Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro(1676-1764)

Carta XXVII (fragmento)

4. El guardar mucho tiempo el Tabaco, no le mejora, antes le deteriora, si la custodia de él no es mucho más estrecha, que la de reos de pena capital. Júzgase, por lo común, diligencia suficiente para conservar, y mejorar el Tabaco, colocarle en una caja de plomo, bien atacado, con la cubierta muy ajustada, y guardarle de este modo en la gabeta de un Escritorio. Los que añaden una hoja de plomo, bien ajustada a la concavidad de la caja, apretando con ella el Tabaco, juzgan haber llegado a la suprema exactitud en la materia. Pero todo esto no basta. Así entre la hoja del plomo, y superficie cóncava de la caja, como entre el borde de ésta, y el de la cubierta, quedan inevitablemente rendijas por donde el Tabaco se exhala. Todas esas precauciones conservan el cuerpo, no el alma del Tabaco. Aquellos corpúsculos sutiles, que constituyen toda su gracia, respecto del olfato, no hay puerta por donde no quepan, y por todas huyen. Es verdad, que no se disipan tan presto, ni con mucho, como teniendo menos resguardado el Tabaco; pero es cierto, que poco a poco se va perdiendo parte de ellos. Así, el que quisiere guardar el Tabaco por espacio de tiempo considerable, téngale en una caja de hoja de lata, unida la cubierta con estaño, en la forma que suele transportarse el Tabaco de encargos, de Sevilla, y Madrid, a otras partes. Basta también, que sea en bote de hoja de lata, que de plomo, unir caja, y cubierta con cera. Una eternidad se puede conservar de este modo el Tabaco; porque a ninguno de los cuerpos dichos, hoja de lata, plomo, estaño, o cera, penetran los más sutiles corpúsculos del Tabaco, ni de otra substancia olorosa.

5. Y no sólo no pierde de su bondad el Tabaco guardado del modo dicho, sino que se hace más aromático, deteniéndose así dos, o tres años, como he experimentado algunas veces; lo que se puede atribuir, o a que entre aquellos [215] sutiles corpúsculos, hallándose encarcelados, se excita una especie de fermentación con que se exalta más el olor; o a que como son de un genio inquieto, y volátil, chocando unos con otros, se desmenuzan, y sutilizan más, con que reciben más aptitud para herir el órgano del olfato, penetrando más, por su mayor sutileza, las fibras sensorias.

6. Sea cual fuere la causa que al vino guardado mucho tiempo, y perfectamente defendido del ambiente, le hace más oloroso, se hace extremadamente verosímil, que la misma produzca el propio efecto en el Tabaco.
10. Tampoco admito la instrucción que Vmd. me da para conservar el Tabaco húmedo, o humedecerle, cuando está seco. Ninguna humedad dice bien al Tabaco, sino la del agua simple, y natural; porque sólo ésta carece de todo olor. Todo otro cuerpo húmedo tiene algún olor, que comunicado al Tabaco, le hace degenerar. Y aun se puede temer, que los corpúsculos en que consiste aquel olor forastero, corrompiéndose, destruyan enteramente el Tabaco. Yo he visto, que todas estas estudiadas recetas para humedecerle, como introducir en él unas almendras, u hojas de acelga, o tenerle en el sitio húmedo, siempre le han deteriorado algo. Al contrario, el agua simple, tengo mil experimentos, de que no sólo le humedece sin dañarle, mas [217] conduce mucho para su conservación; porque aquella humedad obstruye muchos poros por donde se exhalan los corpúsculos olorosos, con que los detiene dentro del Tabaco. Préstale también el beneficio de quitarle aquel molesto tufo, que respira cuando está reseco, convirtiéndole en olor más benigno, y causa prontísimamente este buen efecto, como también he experimentado muchas veces.

11. ¿Pero cómo se debe comunicar la humedad del agua al Tabaco? El modo más oportuno es mojar la superficie interior de la cubierta del bote, sacudiéndola luego fuertemente, para que no gotee sobre el Tabaco; porque estando éste apretado, cada gota que cayese, haría una piedrecita, dificultosa de deshacer entre los dedos. Esta diligencia hecha de quince en quince días, basta para conservar jugoso el Tabaco. Mas si estuviese ya reseco, será menester repetirla siempre que se haya sacado Tabaco del bote para la caja.

Fuente: Proyecto de Filosofía en español, Fundación Gustavo Bueno, Biblioteca Feijoniana.
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