La Rebelión de los Pipafumadores

Pertenece al Capítulo VIII de "Una historia de New York de pantalón corto" de Washington Irving (1783-1859)
del Project Gutenberg (www.gutenberg.org)

Wilhelmus Kieft, como ya se ha observado, era un gran legislador en pequeña escala, y ponía un ojo microscópico sobre los asuntos públicos. El había encontrado muy molesto en las graciosas reuniones de la buena gente de New Amsterdam a la pipa siempre presente en la boca de los asistentes. Comenzó a pensar que la pipa estaba en el fondo de los problemas, y que había una cierta afinidad misteriosa entre la política y el humo del tabaco.
Determinado a golpear en la raíz del mal, comenzó lo antes posible a cercar como con una barandilla al tabaco, como a una mala hierba nociva, nauseabunda, asquerosa en todas sus aplicaciones;
y en cuanto a fumar: esta actividad denuncia un pesado impuesto sobre el bolsillo público, un extenso consumidor de tiempo, un gran fomento de la ociosidad, y una perdición mortal a la prosperidad y a la moral de las personas.


Finalmente, publicó un decreto, prohibiendo fumar tabaco en toda New Netherlands.
¡Malaventura, Kieft! Viviendo en ese tiempo y atentando contra la licencia ilimitada de la prensa, no habría podido golpear tan dolorosamente a la sensibilidad del millón.
La pipa de hecho era un gran órgano de reflexión y de deliberación en New Netherland. Era una compañía y un consuelo constantes en la alegría o en la tristeza. El había fumado, la pipa nunca se alejaba de su boca, era parte de su fisonomía, sin ella sus mejores amigos no lo habrían reconocido. Quitarle la pipa hubiera sido tanto como quitarle la nariz.

El efecto inmediato del decreto de Guillermo el Irritable fue una conmoción popular. Una vasta multitud, armada con sus pipas y las cajas de tabaco, y un gran suministro de munición, se sentaron frente a la casa del gobernador, y comenzaron a fumar con enorme violencia. El Guillermo el Irritable se plantó delante como una araña colérica, exigiendo la razón de esta fumigación fuera de la ley. Los tenaces amotinados respondieron desde sus asientos, y soplando lejos con redoblada furia, levantando una nube tan espesa que el gobernador decidió tomar refugio en el interior de su castillo.

Una larga negociación sobrevino por medio de Antonio el Trompetista. El gobernador estaba en primera instancia colérico e inflexible, pero fue cambiando gradualmente sus términos.
Concluyéndose que accedió a permitir que se fumara el tabaco pero suprimiendose el uso de pipas largas usadas en los días de Wouter Van Twiller; denotando calma, tranquilidad, y sobriedad de la conducta las condenó como incompatibles con el ejercicio de los negocios; las substituyó por las pequeñas encantadoras pipas cortas, de dos pulgadas en la longitud, que se podrían poner en una esquina de la boca, o guardar en la cinta del sombrero como algo de buenas maneras. Así terminó la alarmante insurrección que fue extensamente conocida como el Complot de la Pipa y que terminó en forma algo pintoresca como la mayoría de las conjuras y sediciones, en mero humo.

Pero atención, lector ! un resultado deplorable aconteció. Fumar estas malvadas pequeñas pipas hacía que el humo ascendiera como una nube en forma contínua dentro de la nariz penetrando y ofuscando el cerebelo, secando la bondadosa humedad del cerebro y haciendo que las personas que las usaban levantaran presión y fueran irritables como el mismo gobernador.

Lo que es peor, de ser agradables, fuertes, impecables hombres, ellos se volvieron en nuestra burguesía holandesa que fumaban pipa cortas y esto no fue todo, de este fatídico cisma de las pipas podría decirse que fue el comienzo de los partidos políticos en Nieuw Nederlandts. Los ricos que se creyeron importantes por haber hecho fortuna y que podían por ello ser perezosos adhirieron la antigua moda y formaron una clase de aristocracia conocida como las Largas Pipas, mientras que en el orden inferior, adoptando la reforma de Wilhelmus Kieft, en forma más conveniente de acuerdo con sus empleos manuales fueron nombrados como el nombre plebeyo de Pipas Cortas.


La imágen es el fotograbado
"El Decreto de Guillermo el Irritable" de George H. Boughton (1833-1905), grabado al agua fuerte por W. Hydemann. Publicado en 1899 por el Art Journal de Londres.

Traducción: Capitán Remus